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sábado, 26 de septiembre de 2026

Texto para leer en Línea- (o para bajar en PDF)- COMPRENDIENDO A LA KISHIMOJIN DEMONÍACA EN EL BUDISMO DE NICHIREN


Como ha señalado Michael Radich, las teorías contemporáneas sobre el cuerpo humano suelen basarse en la experiencia ordinaria y, por tanto, resultan insuficientes para comprender los cuerpos perfeccionados y sobrenaturales que aparecen en las tradiciones religiosas (Radich 2016: 19–22). Si no tomamos en serio estas dimensiones, perdemos una parte esencial de cómo tradiciones como el budismo comprenden la experiencia humana. Kishimojin, aunque tiene forma humana, es una deidad que trasciende el tiempo y el espacio, dotada de poderes sobrenaturales. Su cuerpo, que combina rasgos humanos con otros sobrenaturales —cuernos, colmillos, cabello desaliñado—,  está impregnado de significados profundos del Sutra del Loto, del pensamiento de Nichiren y de la sensibilidad popular japonesa. En el Sutra del Loto, Kishimojin y las diez rakṣasī prometen defender a quienes sostienen y recitan el texto, y castigar a quienes los perjudiquen. Y resulta que, en su forma demoníaca, Kishimojin es mucho más poderosa como protectora que en su apariencia hermosa y serena: puede vencer enemigos, disolver obstáculos, sanar y proteger con una fuerza que su forma benevolente por sí sola no podría expresar. Por eso no resulta extraño que tanto al salvar a Nichiren como al sanar a la mujer enferma del templo Honkōji, se manifestara precisamente con esa apariencia temible. Sus rasgos recuerdan a las figuras del folclore japonés que encarnan emociones intensas y contradictorias: amor y dolor, ternura y firmeza, compasión y determinación. Kishimojin es, al mismo tiempo, la madre que perdió a su hijo y la guerrera que defiende a todos los hijos del mundo. Aunque a primera vista su apariencia pueda parecer contraria al ideal de belleza y bondad descrito en los textos mahāyāna, en realidad nos muestra una verdad más profunda: el cuerpo virtuoso no siempre es el cuerpo bello. Más allá de los principios de fisio-moralidad donde lo bello esta relacionado con lo bueno y lo feo y desagradable con lo malo, esta forma de Kishimojin, es una precisa representación de la no dualida y la trascendencia del Sutra del Loto. A veces, el cuerpo que más nos protege y nos sana es precisamente aquel que parece más temible. Su forma aterradora existe para cuidar a quienes sufren, para asumir sus dolores y devolverles la salud. Como cuerpo sustituto, alivia nuestras cargas; como sanadora, devuelve la esperanza; como guardiana, ampara a quienes dedican su vida a servir a los demás. Su cuerpo demoníaco no es una imperfección, sino su mayor virtud. Y así, la Kishimojin de rostro severo nos enseña que la verdadera protección y el amor más profundo pueden tener rostros que al principio nos asustan, pero que en su interior guardan una ternura infinita.